El empresario Samuel Klein habría mantuvo durante décadas un esquema de explotación sexual de niñas y adolescentes

El empresario Samuel Klein habría mantuvo durante décadas un esquema de explotación sexual de niñas y adolescentes

Una historia de violencia sexual en la infancia marcó para siempre la vida de Karina Lopes Carvalhal, ahora de 40 años. A los 9 años, supo por sus hermanas que un gran empresario de su ciudad natal, São Caetano do Sul, en el estado brasileño de São Paulo, entregaba dinero y regalos a niñas y adolescentes que acudían a la sede de la empresa. En ese momento, a la edad de 12 años, la hermana mayor de Karina advirtió que podría conseguir unos zapatos deportivos nuevos si iba allá. “No tenía zapatos para ponerme, usaba los zapatos de mis hermanas, mis dedos estaban todos torcidos”. 

Karina subió al piso de la presidencia y esperó hasta que la llamaron a la oficina privada del propietario. Se sorprendió al ver a un hombre, que ya tenía 70 años. “Mi hermana me había dicho: ‘Ká, no te asustes porque te va a besar’. Pero él me saludó y de inmediato me tocó los pechos. Él dijo: ‘Ah, qué hermosa niña. Muy bonita’”, recuerda imitando el acento polaco del empresario Samuel Klein, fundador de Casas Bahía, una de las cadenas más grandes de tiendas minoristas de Brasil. Se fue con una suma de dinero y zapatos deportivos de la marca Bical. Era 1989.

“Nos alegramos de haber conseguido aquellos zapatos deportivos. No sabíamos que se trataba de una situación de violencia”, dice Karina al hablar en exclusiva para Pública. La posibilidad de obtener otros bienes materiales hizo que regresara en las siguientes semanas. “La segunda vez, ya me llevó al cuartito”. Dice que el empresario mantenía una habitación anexa a su oficina, donde había una cama de hospital. Fue allí, dijo, donde ocurrieron los abusos.

Entre 1989 y 2010, Samuel Klein habría mantenido una rutina de explotación sexual de niñas menores de 18 años dentro de la sede de Casas Bahía, en São Caetano do Sul. En detalle, la calle frente a la sede de Casas Bahía fue rebautizada con el nombre del empresario. (Foto: José Cícero da Silva/Agência Pública)

Karina no habría sido la única en ser seducida y explotada sexualmente por el empresario Samuel Klein. Agência Pública escuchó a más de 35 fuentes, entre ellas mujeres que lo acusan de delitos sexuales, abogados y extrabajadores de Casas Bahía y de su familia. 

El informe (que se puede leer en su totalidad, en portugués, en la página web de Agência Pública) también consultó juicios e investigaciones policiales y tuvo acceso a documentos, fotos, videos de fiestas con connotaciones sexuales y declaraciones de las propias denunciantes, además de grabaciones de audio que indican que, al menos entre principios de 1989 y 2010, Samuel Klein presuntamente apoyó una rutina de explotación sexual de niñas de entre 9 y 17 años en la sede de Casas Bahía, en São Caetano do Sul, y en propiedades ubicadas en diferentes ciudades de la costa sureste de Brasil.

El empresario habría organizado un esquema de captación y traslado de niñas, utilizando sus helicópteros privados, incluso los empleados participaban en la organización de fiestas y orgías, encubierto con pagos y productos de las tiendas de todo el país a las niñas y familiares. 

Fue a partir de las acusaciones recientes que involucran al hijo del patriarca de la familia Klein, el empresario Saul Klein, investigado por el Ministerio Público del Estado de São Paulo (MP-SP) por seducir y violar a decenas de mujeres, que se comenzó a investigar el pasado de Samuel y se encontraron historias similares a las prácticas descritas por MP-SP al investigar a su hijo.

Según los informes, Samuel Klein cubrió sus crímenes con acuerdos legales, ahora archivados en secreto, con las denunciantes que buscaron una indemnización después de que se hicieron adultas. 

Tras las denuncias

Samuel Klein murió en 2014, dejando una imagen de héroe en el mundo empresarial. Nació en Polonia en 1923, perdió a su familia en un campo de concentración. Emigró a Brasil en la década de 1950, cuando comenzó a vender productos en un carrito. Años más tarde, fundó Casas Bahía, que en las próximas décadas se convertiría en una de las cadenas minoristas más importantes del país. Hoy, la cadena forma parte del conglomerado Via Varejo, con ventas anuales promedio de 30 mil millones de reales, y tiene entre sus principales accionistas a BlackRock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo.

Samuel se convirtió en un nombre conocido en la ciudad donde se instaló y hoy en día todavía es visto como uno de los peces gordos más grandes del mundo empresarial en la historia de Brasil. 

Pero “el rey del comercio minorista”, como se le conoció, como ahora lo sabemos, ha sido acusado a lo largo de los años por varias mujeres de practicar abuso y explotación sexual de niñas y adolescentes. 

Uno de esos casos es el de Renata*, quien aseguró, en un proceso al que tuvo acceso Pública, que fue violada por el empresario cuando tenía 16 años. Renata contó a la policía que en octubre de 2008 acudió a la casa de playa del empresario en Angra dos Reis, en el estado de Río de Janeiro. 

Supuestamente viajó con Samuel y su piloto privado en el helicóptero del empresario. Por la noche, el empresario la llamó para tener una conversación en el chalet que ocupaba. Afuera del chalet había aproximadamente 12 guardias de seguridad. En el interior, un enfermero le inyectaba Viagra al empresario quien en ese momento tenía 85 años. En la declaración, Renata dijo que Samuel hizo varias promesas de ayuda financiera, pero ella se habría resistido. “Me tomó por la fuerza, me rasgó la ropa y me violó. No sirvió de nada gritar”, dice un extracto del testimonio. 

En ese momento, Samuel Klein reconoció, en una declaración ante la Policía Civil de São Paulo, que Renata y un colega se encontraban en su casa en Angra dos Reis, pero dijo que las jóvenes que asistían a “su residencia en la playa nunca habían sido menores de edad”. Renata no quiso dar una entrevista.

En los últimos meses, Pública ha buscado comunicarse con 26 mujeres que han presentado demandas, además de otras que no lo han demandado. Diez mujeres concedieron entrevistas, la mayoría sin revelar su identidad por miedo a represalias. Sin embargo, tres de las entrevistadas estuvieron de acuerdo con que se divulgaran sus nombres.

A pesar del sufrimiento, muchas de las mujeres y niñas involucradas desconocían la magnitud del abuso que sufrían y no veían forma de denunciarlo. No es posible saber con certeza el número de mujeres que estuvieron sujetas al esquema, dado que los abusos habrían ocurrido durante décadas y en diferentes lugares. Uno de los guardias de seguridad de la familia dio un ejemplo: “En una oportunidad, Samuel pasó una semana en Angra y fue una locura. El helicóptero iba y venía con chicas, todos los días varias veces”.

Los abusos ocurrieron en propiedades del empresario y en la sede de la empresa, señalan los informes

Según los informes, tras un primer contacto que a menudo incluía abusos sexuales, seleccionaba mujeres y niñas para que participaran en fiestas de empresarios en sus propiedades de diferentes ciudades.

Segundo los relatos, los abusos sexuales ocurrieran también en propriedades de Klein ubicadas en diferentes ciudades de la costa sureste de Brasil. (Foto: José Cícero da Silva/Agência Pública)

Según los relatos y registros en las demandas, los empleados cercanos al empresario organizaban los viajes, reclutaban a mujeres menores y adultas, las dividían en grupos para transportarlas a las propiedades de Samuel y llevaban canastas de alimentos básicos a las familias. Las adolescentes solían ser reclutadas en vecindarios de bajos ingresos alrededor de sus propiedades y también provenían de varios estados.

La mayoría de las entrevistadas relatan haber pasado años yendo a fiestas y participando en sesiones de explotación sexual, como lo sugieren las imágenes (obtenidas exclusivamente para el informe) de una fiesta en la que Samuel está rodeado de niñas y adolescentes en 1994.

Extractos de VHS con audio original obtenidos exclusivamente por Pública muestran una fiesta en 1994 dedicada a Samuel Klein y organizada por los empleados. La fiesta contó con más de “150 amigas” del empresario

Una de las mujeres dijo que, siendo adolescente, viajó varias veces a una de sus mansiones y puso a disposición de Pública varias fotos de los viajes. Aparece abrazada por el empresario frente a un helicóptero registrado a nombre de Casas Bahía y que aterrizó en Angra en 1999.

Cláudia* tenía 20 años cuando participó por primera vez en una cena con Samuel en la sede de Casas Bahía, en São Caetano do Sul, en 2008. 

“Dijeron que iba a cenar y hacerle compañía, darle cariño”, dijo. También contó que se dio cuenta de la naturaleza de la reunión solo cuando llegó al lugar. “Yo estaba en shock. Me sentí atrapada. Una vez que estás allí, sientes que no puedes devolver”. Como informaron otras víctimas, la reunión habría sido en el piso de la presidencia de la tienda.

Después de la comida, dijo que Samuel hablaba con las participantes sobre sus intereses, estudios y dificultades financieras. “Era como una selección”. A partir de las conversaciones, el empresario convocaba a sus favoritas a la sala, y a ella la llamaron.

También informó que le indicaron que dijera tener 17 años para asistir “y ser del estilo de Samuel, a quien le gustaban más las niñas pequeñas”. “Le gustaban las chicas con cuerpos menos desarrollados, que era mi caso”.

Testigos del supuesto esquema

Los empleados de Casas Bahía confirmaron los frecuentes pagos en efectivo y productos a las llamadas “samuquetes”, como se apodaba a las “niñas de Samuel” — hay testimonios que confirman esta situación e incluso se encuentran en condenas del Tribunal del Trabajo.

Josilene*, quien fue gerente de una tienda Casas Bahía en São Paulo, entre 2005 y 2008, dijo a Pública que tanto Samuel como su hijo Saul Klein usaban efectivo de la tienda como parte de los pagos para estas niñas y mujeres. Según ella, “las chicas tenían derecho a elegir lo que querían de la tienda. En ese momento, como eran niñas nuevas, se llevaban muchos celulares, dispositivos de sonido y televisión”.

En 2010, Casas Bahía fue condenada por varias denuncias laborales. En siete de ellas, los empleados alegaban daño moral por situaciones desconcertantes vividas en el trabajo. Describieron que a menudo debían pagar a las mujeres que se presentaban en las tiendas cobrando dinero y mercadería y que, por lo general, llevaban notas escritas a mano de Samuel ordenando los pagos. 

Según los informes, el esquema estaba tan estructurado que Samuel tenía empleados y proveedores de servicios que trabajaban para asegurar que tuviera acceso a niñas y adolescentes para practicar la explotación sexual. “Parecía que vivía para eso. Recibía niñas varias veces a la semana, todo el mes”, narró para Pública un guardia de seguridad que trabajó para la familia Klein durante 19 años. 

Las entrevistas sugieren que Samuel se aprovechó de la situación de vulnerabilidad de las familias empobrecidas y se hacía pasar por un “benefactor”, creando una lógica que, al mezclar abusos y recompensas económicas, atrapaba a las víctimas en el esquema criminal.

Itamar Gonçalves, gerente de la organización Childhood Brasil, que trabaja para proteger a niños y adolescentes, explica que las niñas explotadas sexualmente pueden terminar introduciendo a otras en esquemas criminales. “Se les anima a traer a su hermana, familiares, amigas y amistades para aumentar las ganancias”, explica. En tales casos, las víctimas no pueden ser consideradas responsables. “El papel del reclutador es el del adulto que se está aprovechando de la situación. Lamentablemente, debido a que tenemos una justicia machista, muchas veces se normaliza la actuación de un adulto que se beneficia y/o articula este tipo de situaciones”.

La pobreza y la vulnerabilidad social son los principales factores que llevan a los niños, niñas y adolescentes a esquemas de explotación sexual, según la socióloga Graça Gadelha, especialista en derechos del niño. “Aún existen cuestiones culturales, desde contextos sociales y familiares, desde situaciones de abandono, incluso políticas públicas. Son varios los aspectos que confluyen para el ingreso temprano de niños y niñas en situaciones de violencia sexual”, comenta.

Discursos morales, prejuicios, machismo y falta de recepción silencian a las víctimas de violencia sexual, a las que muchas veces se culpa mientras sus agresores quedan impunes, dice Graça. 

Los procesos no avanzan

En la corte, ningún procedimiento para responsabilizar a Samuel Klein ha prosperado. El empresario cerraba acuerdos judiciales y evitaba las citaciones de las acciones en curso como tácticas para evitar que avanzaran los juicios.

Jorge Alexandre Calazans, abogado que representó a cuatro víctimas, dice que estableció acuerdos entre los abogados del empresario y las mujeres que lo buscaron. “El acuerdo se hacía rápido, recibían el dinero y detenían el proceso de indemnización que habían abierto”, informa.

Otro abogado entrevistado para el reportaje señaló que cerró un acuerdo judicial, con un pacto de confidencialidad, con seis mujeres que alegaban abusos por parte de Klein, todas menores de edad al momento de los hechos. La oficina de Aquino Ribeiro Advogados & Associados, ubicada en Santos, representó seis casos de mujeres que habrían sido abusadas sexualmente por Klein a finales de la década de 1990. Los abogados del despacho solo recibieron denuncias en 2011.

Cinco de los seis casos llevados a los tribunales por el despacho de abogados fueron reconocidos como prescritos, ya que en ese momento, el plazo de prescripción de 20 años había comenzado a correr a partir de la fecha en que la víctima cumplió la mayoría de edad. Pero, como el empresario tenía más de 70 años cuando las mujeres acudieron en busca de una indemnización, el tiempo para hacer viable el proceso se redujo a la mitad, es decir, diez años. 

“En la mente de la víctima, ella todavía piensa que se le puede culpar. Se toma el tiempo para pensar que la agresión, lo que ella pasó, es culpa suya. Esto era lo que buscábamos: tener al menos una opinión experta, un psicólogo o psiquiatra que pudiera evaluar por qué no actuaron en ese momento”, argumenta el abogado Antônio Sérgio de Aquino, que representa a estas mujeres. De estos casos, solo uno se encuentra aún en juicio y está pendiente de análisis de los recursos por parte del Tribunal Superior de Justicia (STJ, por sus siglas en portugués).

Además de las fotos de las adolescentes en las propiedades de Klein y los informes del propio grupo de mujeres, los abogados investigaron los casos basándose en una investigación policial abierta contra Samuel Klein en 2006, la más avanzada en términos de investigación.

El análisis de la investigación trae la historia de Bianca*, quien denunció haber sido víctima de abusos sexuales y violaciones cometidas por Samuel Klein cuando tenía 13 años, en 2001. Ella denunció el caso en abril de 2006 ante el Consejo de Tutela de Campina Grande en Paraíba, donde comenzó a vivir con su madre. 

En una carta escrita de su propia mano, ella informa que el empresario intentaba “acariciar” y “forzarla de manera horrorosa”. “Estoy aquí para denunciarlo para que esto no suceda con otras jóvenes, o que han pasado y están pasando por esto y no tienen el valor de hacer la denuncia, por miedo y vergüenza, tal como yo sentía”, escribió. En el escrito, también informa sobre la persecución a la familia. “Ya no lo llevaba ante la justicia porque me amenazaba a mí y a mi familia”.

En 2011, el juez responsable del caso dictó prescripción del castigo para Samuel Klein en el caso de Bianca y ordenó el cierre de la investigación contra el empresario. 

En este caso, se tiene constancia de otra táctica recurrente de la defensa de Klein: evitar la citación para las audiencias judiciales hasta la fecha límite, que es el momento en que se puede escuchar al ofendido en el curso de la investigación.

La misma estrategia se observó en el caso de Francielle Wolff Reis. En 2009 cuando tenía 14 años, un conocido la invitó a visitar al fundador de Casas Bahía. Según el informe, el empresario prometió dinero si tenía relaciones sexuales con él, entonces de 85 años.

Durante año y medio, la niña habría ido a la oficina de Samuel dos o tres veces por semana. En 2013, presentó una demanda por daños morales contra Samuel. La demanda de Francielle se postergó durante años y el empresario falleció sin siquiera ser citado por los tribunales. En 2017, tres años después de la muerte de “el rey del comercio minorista”, un agente judicial finalmente logró citar al heredero de Samuel, el hijo mayor, Michael Klein. 

La demanda aún está pendiente en la corte. En febrero de 2021, el juez del caso negó la indemnización solicitada por Francielle. Aceptó los argumentos de la defensa de que Klein había estado postrado en cama desde 2006 y no podía practicar los abusos denunciados.

En marzo, los abogados de Francielle apelaron. El caso está en proceso de análisis por la Corte de Justicia de São Paulo.

También se hizo una investigación abierta para Samuel Klein en octubre de 2008 en la Comisaría de Mujeres de Santos. El caso se convirtió en una acción penal que se tramitó en el 1.er Juzgado Penal de la ciudad, y Samuel fue investigado por los delitos previstos en el Estatuto de la Niñez y la Adolescencia. Seis años después, se cerró el caso por la muerte del empresario. 

La otra parte

Buscamos hablar con Michael Klein, hijo y mano derecha de Samuel Klein en la dirección de Casas Bahía hasta 2010 y accionista mayoritario de Via Varejo. A través de su asesor, informó que no comentaría las preguntas del reportaje. 

Tras la publicación del reportaje, el asesor de la familia Klein, que en un principio no quiso hablar, envió la siguiente nota y a continuación la publicamos en su totalidad:

Con gran tristeza, la familia Klein se ha enterado de la publicación de un artículo sobre Samuel Klein, fundador de Casas Bahía y quien falleció en 2014. Inmigrante polaco, judío y sobreviviente del Holocausto, siempre enseñó que se requiere de mucho trabajo y coraje para enfrentar las dificultades de la vida. Es una pena que no esté vivo para defenderse de las acusaciones mencionadas. Sobre los dos procesos en curso, se ejecutan en secreto desde los tribunales y las decisiones serán aceptadas”.

Via Varejo, la empresa que controla la marca Casas Bahía, respondió en una nota, la cual reproducimos en su totalidad a continuación: 

Aclaramos que la familia Klein nunca ejerció un rol de control en Via Varejo, una compañía holding creada en 2011 para administrar las marcas Casas Bahía, Pontofrio, Extra.com.br y Bartira. Esta empresa, que hasta agosto de 2019 formaba parte del Grupo Pão de Açúcar, es hoy una corporación independiente, sin bloque controlador, como se puede ver en este enlace. Por lo tanto, no comentamos casos que puedan haber ocurrido en un período anterior a la gestión actual de la empresa.

Via Varejo tiene muy claro cuáles son sus valores y principios de conducta. Repudiamos enérgicamente todo tipo de acoso, prácticas ilegales y actos discriminatorios en nuestras instalaciones, incluidas nuestras sedes administrativas y tiendas. Nuestro código de ética y conducta, distribuido a todos nuestros empleados, es la guía que regula todas las acciones de la empresa, y se llevan a cabo auditorías independientes para asegurarnos de su cumplimiento.También somos signatarios de varios acuerdos y compromisos que ofrecen parámetros institucionales para nuestras estrategias de responsabilidad corporativa, tales como: principios para el empoderamiento de la mujer, desarrollado por ONU Mujeres; Coalición Empresarial para la Lucha contra la Violencia en Mujeres y Niñas, liderada por Avon, ONU Mujeres y la Fundación Dom Cabral; Coalición Empresarial por la Equidad Racial y de Género, liderada por el Instituto Ethos, el Centro de Estudios de Relaciones Laborales y Desigualdades (CEERT) y el Instituto de Derechos Humanos y Empresas (IHRB), con el apoyo del Movimiento Mulher 360 y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)“.

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