Para el profesor João Cezar de Castro Rocha, el presidente Bolsonaro y los bolsonaristas han adoptado una visión revanchista y revisionista de la historia brasileña y, con esta narrativa, justifican la creación y eliminación de enemigos en serie y, al mismo tiempo, hacen que sea imposible gobernar

Para el profesor João Cezar de Castro Rocha, el presidente Bolsonaro y los bolsonaristas han adoptado una visión revanchista y revisionista de la historia brasileña y, con esta narrativa, justifican la creación y eliminación de enemigos en serie y, al mismo tiempo, hacen que sea imposible gobernar

28 de maio de 2020
10:17

João Cezar Castro Rocha, profesor de literatura comparada de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ), se ha dedicado a comprender lo que ha llamado la guerra cultural bolsonarista. Su investigación se publicó en un libro titulado Guerra cultural y retórica del odio: crónicas de Brasil, que trata sobre la especificidad de la guerra cultural que se formó en el país. En una entrevista con Agência Pública, enumera los elementos fundamentales que alimentan la mentalidad de la militancia bolsonarista y advierte sobre la posibilidad de radicalización de estos grupos ante el colapso del gobierno. 

João Cezar Castro Rocha es profesor de literatura comparada en la UERJ y estudia la guerra cultural bolsonarista

Usted comprende que existe una guerra cultural específicamente bolsonarista y que difiere de un concepto más amplio de guerras culturales. ¿En qué se basa esta guerra cultural bolsonarista?

No niego que existen elementos en esta guerra cultural bolsonarista que son transnacionales, se encuentran en la llamada alt-right (derecha alternativa) estadounidense, en el Movimiento de Steve Bannon; y usa una serie de técnicas, en especial técnicas asociadas al uso muy hábil de las redes sociales, que no son específicamente bolsonaristas o particularmente brasileñas. Pero, lo que estoy sugiriendo es que el gobierno se centra en la guerra cultural bolsonarista.

¿Qué moldeó la mentalidad de Jair Messias Bolsonaro y su clan? Bolsonaro, más que un político, es una franquicia; hay una franquicia de políticos con el estilo de Bolsonaro. La mentalidad de Jair Messias Bolsonaro fue formada por el ejército brasileño, pero moldeada siguiendo una línea muy particular del ejército que está marcada por el resentimiento surgido por la repercusión de un auténtico libro simbólico lanzado en 1985 titulado Brasil: nunca más. Este es un libro particularmente importante porque denunció las torturas, arbitrariedades y desaparición de cuerpos durante la dictadura militar [1964-1985] de una manera indiscutible. En los casos descritos por la propia Justicia Militar, es decir, por la propia dictadura militar, los prisioneros informaron a los jueces militares las torturas que habían sufrido. Brasil: nunca más reúne varios testimonios de jóvenes de 20 años, que se tomaron de estos procesos de Justicia Militar, y todos informan exactamente lo mismo. Algunos dicen que fueron utilizados como conejillo de Indias en las clases de tortura. Es impresionante, un libro negro de la dictadura militar.

El libro fue un éxito absoluto cuando salió por primera vez, se vendieron más de 100 mil copias y tuvo enormes repercusiones en el extranjero. Ayudó a consagrar, en el período de redemocratización (un período de transición que hubo al terminar el régimen militar), una imagen de las Fuerzas Armadas asociadas con la represión, la tortura y la muerte. Esto marcó una generación del ejército brasileño que siempre tuvo como consecuencia un proyecto revanchista, basado en un proceso revisionista. Por tal motivo, la mentalidad bolsonarista niega la existencia de la tortura. La mentalidad bolsonarista no solo niega el COVID-19, también niega las torturas de la dictadura militar.

De esta manera, se forma una mentalidad revisionista y revanchista en el ejército porque considera que los militares ganaron la batalla en el golpe de 1964, pero perdieron la guerra con la opinión pública. ¿Qué hizo el ejército? Decidió pagar con la misma moneda. De 1986 a 1989, los militares reunieron documentos, principalmente de un cuerpo de represión, el CIE (Centro de Información del Ejército), privilegiando lo que consideraron crímenes de la lucha armada (contra la dictadura) en Brasil, y de hecho, la lucha armada de izquierda en Brasil asesinó a inocentes.

Luego, los militares crearon el proyecto Orvil, que significa libro al revés (en portugués). Literalmente es Brasil: nunca más, pero al revés. Ya no se trata de los crímenes de la dictadura, sino de los crímenes de la lucha armada. Es una larga lista de grupos armados, el desmantelamiento de estos grupos y los crímenes que los militares consideran que han cometido.

Establecen una cronología de la historia republicana que es pura ilusión, pero justifica la mentalidad bolsonarista en su totalidad. Ahora, en la reunión del 22 de abril (reunión ministerial cuya grabación se hizo pública en mayo y forma parte de una investigación para determinar si Bolsonaro intentó interferir con la Policía Federal), en un momento inesperado, Bolsonaro dice la siguiente frase: “Si hubieran ganado en 1964, hoy tendrían suerte de cortar caña y ganar $ 20 al mes”. Parece una frase absolutamente loca: estamos en 2020, han pasado 56 años desde 1964. En ese momento, ya se habían reportado en Brasil casi 50 mil casos y 3 mil muertes por COVID-19. ¿Qué significa esta frase durante una reunión llevada a cabo para discutir la recuperación económica después de la pandemia? 

Es la retórica de Orvil, una retórica que prepara un golpe de estado. En la introducción de Orvil, ellos (los militares) dicen que, desde 1922, la historia republicana brasileña está marcada por un intento constante de los comunistas para tomar el poder para crear en Brasil una dictadura del proletariado que, dadas las dimensiones continentales, haría que Brasil fuese una China tropical. El cuarto intento, que es el más peligroso de todos, lo describen como la infiltración de las instituciones, en especial de cultura, para dar forma a una mentalidad diversa que conduce al advenimiento del comunismo que vendría, no a través de la lucha armada, sino a través de las elecciones. ¿Es o no es el discurso completo del gobierno? Si usted acepta esta narrativa, lo que sigue es un segundo punto: la Doctrina de la Seguridad Nacional.

¿Se refiere a la idea adoptada por la dictadura de llevar al entorno interno del país la lógica de la guerra para eliminar al enemigo?

Exactamente. En la narrativa de Orvil, no hubo un solo día en que el movimiento comunista internacional no intentara imponer una dictadura del proletariado con el objetivo de transformar a Brasil en una China tropical. Si desde 1922 hasta hoy, han intentado tomar el poder, debe existir una contraparte para la defensa, y es la Doctrina de Seguridad Nacional. Esta doctrina no es un invento de la dictadura militar brasileña, pues se desarrolló dentro del alcance de la Guerra Fría y existe en otros países. Proporciona condiciones específicas para defender la integridad de la nación cuando es atacada por un enemigo externo. El derecho público internacional creó el llamado derecho de conservación, el cual establece que, si una nación es atacada por otra con el propósito de ser subyugada, la nación atacada tiene todo el derecho de usar los medios necesarios para repeler la agresión, incluso si deben eliminar al enemigo externo para hacerlo. La Doctrina de Seguridad Nacional adaptó esta idea al entorno interno, para eliminar al enemigo interno, que es el subversivo comunista. Como el subversivo comunista en la narrativa de Orvil está al servicio del movimiento comunista internacional, es en cierta medida externo y, por lo tanto, una vez identificado, ¿qué hacer con él? Eliminarlo. Punto.

¿Esta idea de eliminación se daría en el plano físico o en el plano moral destruyendo reputaciones?

¿Cómo trasladas esta Doctrina de Seguridad Nacional a tiempos democráticos? Tengo dos hipótesis. Usted ya mencionó una: la militancia virtual bolsonarista destruye reputaciones con una violencia y virulencia sin precedentes en Brasil. Destruir reputaciones no es nuevo, es algo que siempre ha acompañado a la política. Pero la forma en que la guerra cultural bolsonarista inventa sistemáticamente a los enemigos en serie y realiza rituales expiatorios es algo muy impresionante. De una hora a la siguiente, se invierte por completo la descripción de la persona y esta sufre una destrucción simbólica equivalente a una eliminación desde el punto de vista simbólico e individual. 

En la narrativa de Orvil, el cuarto intento de tomar el poder provino del intento de infiltrarse en las instituciones, en especial, en las de cultura: la prensa, el arte y la universidad. Todas las acciones del gobierno de Bolsonaro están destinadas a destruir las instituciones que Orvil identifica como aquellas que tienen la intención de imponer el comunismo en Brasil. Cuando hablan de la prensa extrema (como el bolsonarismo llama a la prensa), la matriz narrativa está en Orvil.

Esta inesperada aparición de la Doctrina de la Seguridad Nacional se correlaciona con la destrucción sistemática de las instituciones. ¿Qué sucede cuando entregas la Fundación Zumbi dos Palmares (institución pública para la promoción y preservación de los valores culturales, históricos, sociales y económicos resultantes de la influencia negra en la formación de la sociedad brasileña) a una persona que niega la existencia del racismo en Brasil? ¿Se destruye o no la Fundación de esta manera? ¿Qué sucede cuando entregas el IPHAN (Instituto Nacional del Patrimonio Histórico y Artístico), uno de los organismos más antiguos y longevos de la precaria estructura de la cultura en Brasil, a una bloguera que se define a sí misma como “turismóloga” o eliminas 6 mil becas de posgrado de la noche a la mañana? El CNPq (Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico) anunció un decreto de iniciación científica en el que elimina el área de humanidades. Esto nunca ha sucedido en ninguna parte del mundo. Es impactante, pero sigue la narrativa de Orvil. No pueden, por el momento, eliminar físicamente a los enemigos. Yo no puedo ser eliminado físicamente. Pero pueden destruir la universidad para la que trabajo. Si lo hacen, me están eliminando desde un punto de vista profesional. Si un gobierno puede usar todas las instituciones estatales a su favor, no hay necesidad de dar un golpe, el golpe ya está hecho. Y aquí ni siquiera se trata de usar las instituciones, sino de destruirlas. Vea lo que sucede con el medio ambiente. Hay un desmantelamiento radical de todas las formas de control e inspección. Lo mismo ocurre en todas las áreas.

Usted argumenta que hay tres pilares fundamentales: además de la narrativa de Orvil y la Doctrina de la Seguridad Nacional, se está popularizando una retórica de odio que proviene en gran parte del escritor Olavo de Carvalho. ¿Cómo funciona este tercer elemento?

Una trampa en la que no caeré es discutir la filosofía de Olavo de Carvalho. Para mí, él no tiene filosofía en absoluto. Lo que me interesa señalar es que, en una prédica de casi dos décadas, creó lo que yo llamo el sistema de creencias de Olavo de Carvalho. Este sistema de creencias es una especie de punto de fuga que maximiza los elementos de Orvil y la Doctrina de la Seguridad Nacional. Él desarrolló muy hábilmente una retórica de odio.

Lo que yo estoy diciendo es que la retórica de odio se traslada a la Doctrina de la Seguridad Nacional para usarse en el lenguaje mediático de las redes sociales. ¿Qué propósito tiene Olavo de Carvalho, un hombre de más de 70 años, para tomarse la molestia de cambiar el nombre de una persona cuando algo no le gusta? Cuando modifico el nombre de una persona para ridiculizarla, ¿acaso no estoy haciendo una descalificación que anula a esa persona? ¿El propósito de una descalificación no es la de eliminar al otro?

Además, hay otra base en esta retórica de odio de Olavo de Carvalho que llamo la exageración descalificadora. Funciona así, Olavo dice: “Nunca antes en la historia humana ha habido un ataque contra un filósofo como el que yo he recibido. En mi contra, ya se han escrito 100 mil páginas en 15 idiomas”. Es una hipérbole descalificadora porque es obvio que no hay posibilidad de que haya 100 mil páginas en la faz de la tierra contra Olavo de Carvalho, mucho menos en 15 idiomas. Pero ¿qué efecto tiene esta hipérbole? Anula el pensamiento, ya que estás de acuerdo o estás en contra, no hay otro pensamiento posible. Solo se piensa cuando hay mediación. Por un lado, en la retórica de odio, la estrategia de Olavo es una descalificación que convierte al otro en la nada, y, por otro lado, usa un conjunto de hipérboles que hacen imposible pensar porque suprime las mediaciones. 

La principal obsesión de Olavo de Carvalho es el uso de técnicas mentales de manipulación psíquica. Un sistema de creencias no es cuestionable por la realidad, es un sistema lógico egocéntrico que, cuanto más se ataca, más fuerte se vuelve. La gente está convencida de que Olavo está siendo atacado porque tiene razón. 

Entonces, convergen los tres elementos: la Doctrina de la Seguridad Nacional, Orvil y la retórica de Olavo de Carvalho. Esta última hace que se propaguen los otros dos. Una parte considerable de lo que Olavo propone en su trabajo, desde la infiltración gramsciana hasta la toma del poder, está en Orvil. Es una combinación muy poderosa.

El presidente Jair Bolsonaro y el autodenominado filósofo Olavo de Carvalho

La guerra cultural bolsonarista es, desde el punto de vista de movilización de masas, en especial en la era digital, un fenómeno sin precedentes en la historia política brasileña reciente. Esta guerra cultural se basa en los sentimientos más arcaicos de la cultura humana; el más arcaico de todos, que es la violencia, y está en la superficie de la guerra cultural bolsonarista. Nada es más primitivo que la invención constante de enemigos y la promoción del linchamiento, y la guerra cultural bolsonarista se basa completamente en esta creación sistemática de enemigos para su chivo expiatorio. La capacidad que esto tiene para movilizar la estamos viendo, es una fuerza que combina la violencia y el odio.

Ahora, aquí encontramos una paradoja. Sin guerra cultural, no existe el bolsonarismo. Pero con la guerra cultural, no puede existir el gobierno de Bolsonaro. Al mismo tiempo que aparecen todas estas ideas locas que se corresponden perfectamente con el plan de la guerra cultural, no hay nada decidido desde el punto de vista concreto. No hay datos objetivos que lleven a formalizar políticas. No puedes crear enemigos constantemente si tomas en cuenta datos objetivos, y si no tomas en cuenta datos objetivos, no puede haber gobierno. Además, la situación en la que vivimos (la pandemia) ha acelerado mucho el proceso porque puedes pasar cuatro años en una disputa narrativa si hay estabilidad en los indicadores económicos; pero la muerte, esa cualidad finita de la vida, no depende de una narrativa. No puedo pasar un minuto discutiendo si mi padre ha muerto o no. No puedo pasar 30 segundos argumentando si tengo una gripecita o no si estoy intubado. El caos al que seremos conducidos por la situación actual y por la proximidad de la muerte harán que las disputas con las narrativas no sean efectivas.

Si todo esto tiene sentido, hay que tener mucho cuidado. Nos acercamos al momento más grave de la vida brasileña desde la redemocratización. Tendremos una recesión económica y la recuperación aún no se ve en el horizonte, y el colapso del gobierno de Bolsonaro es inevitable. Mientras mayor sea el colapso del gobierno, más violenta será la guerra cultural, y se hace más probable que esta guerra virtual se derrame en las calles. Este colapso acelerará el proceso de violencia, las redes sociales se volverán cada vez más violentas, los bolsonaristas serán cada vez menos y más agresivos, porque solo permanecerán los fanáticos que optarán por la violencia inesperada y fuera de control.

El bolsonarismo solo tendrá dos alternativas: aceptar el fracaso melancólico de un gobierno que ni siquiera existía, o emprender la aventura del golpe autoritario. Creo que se aventurarán por lo segundo. Hay intentos de armar a los ciudadanos en todo el país, usar la policía militar en algunos estados brasileños, literalmente existe el “acuartelamiento” del gobierno: hay más soldados en el gobierno de Bolsonaro que en todos los gobiernos de la dictadura militar en 20 años. Hoy estamos viviendo una situación grave, existe un gran riesgo de golpe autoritario, que será más violento que la dictadura militar porque este deseo de eliminar las instituciones no formaba parte de la dictadura militar. La dictadura militar quería crear instituciones a su imagen y semejanza. Solo podremos detener este proceso si entendemos la lógica perversa que domina este gobierno. Necesitamos reaccionar para preservar la democracia. Si las Fuerzas Armadas se embarcan en la aventura golpista de Bolsonaro, la situación será grave. Las instituciones están tardando demasiado en reaccionar.

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